Ándale descansa sobre cuatro prácticas con evidencia sólida: recuperar el español en vez de releerlo, espaciar esa recuperación en días y semanas, subir en cada tema de interpretar una forma a producirla libremente, y corregir de modo que el alumno repare el error antes de ver la respuesta.
Recordar algo lo fija más que volver a leerlo: en los estudios, la práctica de recuperación supera al repaso por cerca de media desviación estándar, y generar una respuesta supera a leerla en 86 experimentos. Por eso cada ejercicio te pide producir: escribir la oración, completar el verbo, elegir la lectura correcta. Nunca te mostramos la respuesta primero.
El espaciado es uno de los efectos más replicados en el aprendizaje (317 experimentos en una sola revisión): tres recuerdos correctos en días distintos dieron más del doble de retención que tres seguidos. Cada palabra y cada regla tienen en Ándale su propia memoria, con un modelo (FSRS) que la trae de vuelta mientras lo más probable es que todavía aciertes, unas 9 de cada 10 veces. Nada se repasa antes de tiempo, aunque pidas más sets; un set extra trae material nuevo. Una palabra está dominada cuando la recuperas en noches distintas, produciéndola tú, y la última vez después de más de diez días. Esto último es una decisión nuestra sobre la evidencia, no una cifra de un estudio, y la estamos midiendo.
La instrucción explícita funciona y dura, y la práctica de producción es la que gana en las pruebas de producción diferidas. Pero para algunas estructuras (pronombres de objeto, subjuntivo, pretérito e imperfecto) primero hay que leerlas bien: entender quién hizo qué, o si es un hecho o un deseo. Por eso cada regla sube una escalera: interpretar, reconocer, completar, transformar, escribir libremente. Subes tras dos aciertos seguidos, bajas tras un fallo. Desde A2 cada noche trae una lectura corta; desde B1, dos o tres oraciones tuyas, calificadas por la regla, no por parecerse a un modelo.
Algunas estructuras le toman meses a casi todo el mundo aunque estén bien enseñadas: estar con adjetivos, pretérito e imperfecto, el subjuntivo. En Ándale nunca te frenan: sigues avanzando mientras ellas se quedan en repaso.
La corrección gramatical tiene efectos grandes y duraderos (d = 1.16 en 15 estudios), y en estudios de aula las pistas que empujan al alumno a corregirse rindieron más que simplemente repetirle la forma correcta. En un experimento de vocabulario, mostrar la respuesta correcta tras un error elevó la retención una semana después en 494 %, mientras que decir solo «bien/mal» no sirvió de nada. Así que un fallo en la regla te da una pista específica y un segundo intento, y después, siempre, la respuesta con la regla y el porqué en una línea. Ningún estudio compara todavía pista-y-reintento con mostrar la respuesta de inmediato. Una falla vuelve más tarde en la misma sesión con una oración nueva.
El corrector lista primero los cambios mínimos a tu respuesta, nunca una reescritura, y decide por la regla que se practica: un error en la regla es incorrecto aunque todo lo demás esté bien; una palabra distinta pero válida es correcta; las mayúsculas nunca cuentan; un acento que cambia la palabra (está/esta) es un error, uno decorativo se señala sin castigo hasta B1. Lo escrito libremente lo revisa un segundo modelo, y cada una de esas calificaciones espera al profe en una cola donde puede corregirla.
La motivación predice cuánto piensas esforzarte mucho mejor que lo que logras; lo que te sostiene es la rutina. En un estudio, los hábitos tardaron una mediana de 66 días en volverse automáticos (de 18 a 254), y faltar un día no los rompió. Por eso la app cuenta noches de la semana (meta: cinco de siete), nunca rachas, nunca se reinicia y nunca regaña. Si vuelves después de varios días, los repasos que esperaban llegan ahora, y te lo decimos sin reproche.
Los alumnos confían más en la corrección de su profe que en la de una máquina, y el uso de una app se sostiene donde una clase lo sostiene. Por eso Ándale sigue la unidad de tu clase, le muestra al profe qué se te escapa por regla y con ejemplos, y le deja la última palabra sobre cualquier calificación dudosa.
Cada ejercicio guarda la regla, el nivel de la escalera y el tiempo que tardaste; cada intento, su calificación. Con eso pensamos comprobar nuestras propias decisiones: si «listo» (ocho de diez en tres noches) predice que te irá bien en el tema siguiente, si el modelo de memoria está calibrado para respuestas calificadas por un modelo de lenguaje, y si lo «dominado» sigue dominado a los 30 y 60 días. Las cifras que no vienen de un estudio las ajustaremos con datos reales.
Fuentes principales: Frontiers in Psychology 2018 (recuperación); Cepeda et al. 2006 (espaciado); Spada & Tomita 2010 y Shintani et al. 2013 (instrucción y producción); Russell & Spada, Lyster & Saito, Pashler et al. 2005 (corrección); VanPatten (orden de adquisición); Lally et al. (hábitos). Informe completo disponible a quien lo pida: hola@andaleapp.com.